La lógica del Universo y Dios.

Las contradicciones no puede existir. Pero el asunto es que cuando alguien acepta la creación del Universo por fe, está destruyendo su confianza y la validez de su propia mente, tiene que ser o por razón o por fe. 
Yo estoy en contra de Dios porque no quiero destruir la razón, porque aceptar a Dios, es funcionar irracionalmente, de aceptar algo por encima y por fuera de la razón y superior a la razón. El universo es bello y tiene que vivir para entenderlo, para pensarlo, y si vas conociendo por la emoción, por fe, en vez de razón significa que vas contra la realidad, y de esta forma pierdes todas las riendas de la libertad de pensar, y de vivir la aventura de pensar.

La filosofía de Dios, Baruch Spinoza.

Fue él, discípulo de Descartes quien conjugó el espíritu y la razón, lanzó una teoría dando una explicación del mundo y de nuestra conducta.
Conoció y apreció el pensamiento de Descartes y su despierta inteligencia lo llevó pronto a preguntarse de forma abierta la interpretación ortodoxa de los textos sagrados, llegando a afirmar que cada creyente debía interpretar los textos, la Biblia, el Tora, etc, sin que fuera necesario seguir las opiniones de sacerdotes o doctos.
También, llego a concluir que la presunta "sabiduría" de los sacerdotes sólo era un medio y hasta una herramienta para poder dominar las masas, aseguró que era imposible la inmortalidad del alma.
Afirma que todos nosotros tenemos nuestro destino racionalmente establecido, es decir, que las cosas que no nos conviene y la que nos conviene pertenecen a la misma realidad, y la luz de la razón en el caso de los humanos está destinada a cada humano que decida buscarla y que pertenece a la naturaleza y a nuestro modo de permanecer.

"Nadie sabe lo que puede un cuerpo" 


Por mas información: https://es.wikipedia.org/wiki/Baruch_Spinoza 

pingüinos de la otan / cocodrilos del vaticano

Mario Benedetti
(Paso de los Toros, Departamento de Tacuarembó,
Uruguay, 14 de septiembre del 1920)
Quemar las naves

(1968-1969)

El día o la noche en que por fin lleguemos
habrá que quemar las naves

pero antes habremos metido en ellas
nuestra arrogancia masoquista
nuestros escrúpulos blandengues
nuestros menosprecios por sutiles que sean
nuestra capacidad de ser menospreciados
nuestra falsa modestia y la dulce homilía
de la autoconmiseración

y no sólo eso
también habrá en las naves a quemar
hipopótamos de wall street
pingüinos de la otan
cocodrilos del vaticano
cisnes de buckingham palace
murciélagos de el pardo
y otros materiales inflamables

el día o la noche en que por fin lleguemos
habrá sin duda que quemar las naves
así nadie tendrá riesgo ni tentación de volver

es bueno que se sepa desde ahora
que no habrá posibilidad de remar nocturnamente
hasta otra orilla que no sea la nuestra
ya que será abolida para siempre
la libertad de preferir lo injusto
y en ese solo aspecto
seremos más sectarios que dios padre
no obstante como nadie podrá negar
que aquel mundo arduamente derrotado
tuvo alguna vez rasgos dignos de mención
por no decir notables
habrá de todos modos un museo de nostalgias
donde se mostrará a las nuevas generaciones
cómo eran
                    parís
                    el whisky
                    claudia cardinale.

Verdaderos sueños: El hombre mediocre, José Ingenieros.

El mediocre

El hombre mediocre es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y así se vuelva parte de un rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue ciegamente. El mediocre es dócil, maleable, ignorante, un ser vegetativo, carente de personalidad, contrario a la perfección, solidario y cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social. Vive según las conveniencias y no logra aprender a amar. En su vida acomodaticia se vuelve vil y escéptico, cobarde. Los mediocres no son genios, ni héroes ni santos.
Un hombre mediocre no acepta ideas distintas a las que ya ha recibido por tradición el hombre como receptor y continuador de la herencia biológica, sin darse cuenta de que justamente las creencias son relativas a quien las cree, pudiendo existir hombres con ideas totalmente contrarias al mismo tiempo. A su vez, el hombre mediocre entra en una lucha contra el idealista por envidia, intenta opacar desesperadamente toda acción noble, porque sabe que su existencia depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que no se ponga por encima de sí. 

El hombre inferior

El hombre inferior es un animal bellaco. Su ineptitud para la imitación le impide adaptarse al medio social en que vive; su personalidad no se desarrolla hasta el nivel corriente, viviendo por debajo de la moral o de la cultura dominante, y en muchos casos fuera de la legalidad. Esa insuficiente adaptación determina su incapacidad para pensar como los demás y compartir las rutinas comunes.
Estos, mediante la educación imitativa, copian de las personas que los rodean una personalidad social perfectamente adaptada.

El idealista 

El idealista es un hombre capaz de usar su imaginación para concebir ideales legitimados sólo por la experiencia y se propone seguir quimeras, ideales de perfección muy altos, en los cuales pone su fe, para cambiar el pasado en favor del porvenir; por eso está en continuo proceso de transformación, que se ajusta a las variaciones de la realidad. El idealista contribuye con sus ideales a la evolución social, por ser original y único; se perfila como un ser individualista que no se somete a dogmas morales ni sociales; consiguientemente, los mediocres se le oponen. El idealista es soñador, entusiasta, culto, de personalidad diferente, generoso, indisciplinado contra los dogmáticos. Como un ser afín a lo cualitativo, puede distinguir entre lo mejor y lo peor; no entre el más y el menos, como lo haría el mediocre. 

Frases

Solo el valor moral puede sostener a los que impenden la vida por su arte o por su doctrina, ascendiendo al heroísmo.

Sus ojos pueden mirar hacia el amanecer, sin remordimiento.

Es misión de la juventud tomar a los ciegos de la mano y guiarlos hacia el porvenir. 

Los jóvenes pierden su tiempo cuando esperan impulso de los viejos.

No basta en la vida pensar un ideal: hay que aplicar todo el esfuerzo a su realización.

El tiempo no nos espera, y ya es hora de vivir los mínimos instantes de alegría en los que habita la gran felicidad que buscamos